Mis certezas desayunan dudas. Y hay días en que
me siento extranjero en Montevideo y en cual-
quier otra parte. En esos días, días sin sol, no-
ches sin luna, ningún lugar es mi lugar y no consigo reco-
nocerme en nada, ni en nadie. Las palabras no se parecen a
lo que nombran y ni siquiera se parecen a su propio sonido.
Entonces no estoy donde estoy. Dejo mi cuerpo y me voy,
lejos, a ninguna parte, y no quiero estar con nadie, ni siquie-
ra conmigo, y no tengo, ni quiero tener, nombre ninguno:
entonces pierdo las ganas de llamarme o ser llamado.
"El libro de los abrazos"
Eduardo Galeano
Laura Gorre
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17 noviembre, 2011
13 noviembre, 2011
La pequeña muerte
Nos da risa el amor cuando llega a lo más hon-
do de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo
más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos
y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que
pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer en una ale-
gría que duele. "Pequeña muerte", llaman en Francia a la cul-
minación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y per-
diéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. "Pe-
queña muerte", la llaman; pero grande, muy grande ha de
ser, si matándonos nos nace.
"El libro de los Abrazos"
Eduardo Galeano
do de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo
más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos
y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que
pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer en una ale-
gría que duele. "Pequeña muerte", llaman en Francia a la cul-
minación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y per-
diéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. "Pe-
queña muerte", la llaman; pero grande, muy grande ha de
ser, si matándonos nos nace.
"El libro de los Abrazos"
Eduardo Galeano
Etiquetas:
a-brazo,
algo se mueve,
pequeña muerte
06 noviembre, 2011
Celebración de las contradicciones/2
Desatar las voces, desensoñar los sueños: escribo
queriendo revelar lo real maravilloso, y descubro
lo real maravilloso en el exacto centro de lo real
horroroso de América.
En estas tierras, la cabeza del dios Eleggúa lleva la muerte
en la nuca y la vida en la cara. Cada promesa es una ame-
naza y cada pérdida, un encuentro. De los miedos nacen los
corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian
otra realidad posible y los delirios, otra razón.
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo
que somos. La identidad no es una pieza de museo, quiete-
cita en una vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las
contradicciones nuestras de cada día.
[...]
"El libro de los abrazos"
Eduardo Galeano
queriendo revelar lo real maravilloso, y descubro
lo real maravilloso en el exacto centro de lo real
horroroso de América.
En estas tierras, la cabeza del dios Eleggúa lleva la muerte
en la nuca y la vida en la cara. Cada promesa es una ame-
naza y cada pérdida, un encuentro. De los miedos nacen los
corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian
otra realidad posible y los delirios, otra razón.
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo
que somos. La identidad no es una pieza de museo, quiete-
cita en una vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las
contradicciones nuestras de cada día.
[...]
"El libro de los abrazos"
Eduardo Galeano
Etiquetas:
a-brazo,
antes que la lluvia quiero,
de dentro hacia fuera
26 octubre, 2011
La noche/4
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la
luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.
"El libro de los abrazos"
Eduardo Galeano
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la
luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.
"El libro de los abrazos"
Eduardo Galeano
Etiquetas:
a-brazo,
fiebre de luna,
luna de invierno
Los sueños olvidados
Helena soñó que se dejaba los sueños olvidados
en una isla.
Claribel Alegría recogía los sueños, los ataba
con una cinta y los guardaba bien guardados. Pero los niños
de la casa descubrían el escondite y querían ponerse los sue-
ños de Helena, y Claribel enojada les decía:
- Eso no se toca.
Entonces Claribel llamaba a Helena por teléfono y le pre-
guntaba:
- ¿Qué hago con tus sueños?
"El libro de los abrazos"
Eduardo Galeano
en una isla.
Claribel Alegría recogía los sueños, los ataba
con una cinta y los guardaba bien guardados. Pero los niños
de la casa descubrían el escondite y querían ponerse los sue-
ños de Helena, y Claribel enojada les decía:
- Eso no se toca.
Entonces Claribel llamaba a Helena por teléfono y le pre-
guntaba:
- ¿Qué hago con tus sueños?
"El libro de los abrazos"
Eduardo Galeano
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