Laura Gorre
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16 enero, 2014

intensa resistencia


A Distant Wave - Anne Magill








es tiempo de dejarse descubrir
abro los ojos y hay luces y movimiento
y otros ojos que me miran.
Son mirados por un rostro que me identifica
y soy incapaz de conocer.









06 octubre, 2011

Tengo ojos. Y como ojos, ven. Y son mirados.
Mis ojos son dos agujeros profundos de marrón chocolate 75% cacao puro. De ese chocolate que llega a ser amargo.

Los paseo a menudo, son dos joyitas dulces que necesitan aire fresco y dotes de inspiración cada tres minutos.

También saltan, de unos ojos a otros; admirando o ejerciendo su personalidad crítica.
Son como agujeros negros que absorben información automáticamente; ¡cómo si hubieran sido creados para ello!
Imagino que todos los ojos lo hacen, sin embargo los míos tienen una necesidad, latente e imperiosa y en ocasiones inquietante, que a veces me produce jaquecas.

Cerrarlos y empaparme de negro, negro, me descansa.
Cerrarlos y olvidar que otros ojos pueden estar escrutándome…


La vida son dos días, igual que el número de ojos que tenemos.
¡Quedarme ciega seria mi ruina!

Por eso yo los cuido, los mimo, los educo, los saco a pasear… y los corrijo, cuando empiezan a portarse mal bajo suavemente mis párpados tapando esos oscuros túneles que no saben mentir.

17 agosto, 2011

Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posi-
ble dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de
mirada bajo la cual queremos vivir.

La primera categoría anhela la mirada de una canti-
dad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la
mirada del público. [...]
La segunda categoría la forman los que necesitan
para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos
son los incansables organizadores de cócteles y cenas.
Son más felices que las personas de la primera catego-
ría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sen-
sación de que en el salón de su vida se ha apagado la
luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En
cambio, las personas de la segunda categoría siempre
consiguen alguna de esas miradas. [...]
Luego está la tercera categoría, los que necesitan
de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de
peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez
se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se
se hará la oscuridad. [...]
Y hay también una cuarta categoría, la más preciada,
la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de perso-
nas ausentes. Son los soñadores.





"La insoportable levedad del ser"
Milan Kundera