Vivo sin saber qué
salgo afuera y me derrumbo
hablo de cosas grises que nadie comprende
las hojas mueren y renacen aparecen riéndose del
árbol, solo, triste y eternamente marrón marrón
saco la lengua y se enfría el cielo
grito despacio y cae un nido
lloro sin lágrimas porque mi pecho está duro
duro y lleno de veneno estoy sorda
como las montañas que
viven mil años y
ninguno porque no respiran ni sienten se
queman pero permanecen
sólo los eclipses eclipsan
Laura Gorre
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03 agosto, 2011
02 agosto, 2011
No avisó; vimos sólo su mudanza.
No nos dejó un mensaje: suspiró lentamente.
¿Por quién? Ya poco tiempo le quedaba
para que lo dijese.
Calor no había en ella si brillaba el estío,
ni el frío parecía atormentarla
aunque sobre su pecho, tozuda, lentamente,
se formase la escarcha.
Fue solitaria, pero se olvidó de su miedo
aunque toda la aldea la contemplaba entonces;
en gravedad lejana se mantuvo
y miraba a los ojos.
Y luego, ya ajustada igual que una simiente
en la tierra dispuesta con cuidado,
hasta la perdurable Primavera,
cuando impedía sólo un leve barro
su cálido retorno, si ella quería; cuando
implorando emprendimos el camino,
la invitación no quiso aceptarnos: fue como
si nunca nos hubiese conocido.
Emily Dickinson
No nos dejó un mensaje: suspiró lentamente.
¿Por quién? Ya poco tiempo le quedaba
para que lo dijese.
Calor no había en ella si brillaba el estío,
ni el frío parecía atormentarla
aunque sobre su pecho, tozuda, lentamente,
se formase la escarcha.
Fue solitaria, pero se olvidó de su miedo
aunque toda la aldea la contemplaba entonces;
en gravedad lejana se mantuvo
y miraba a los ojos.
Y luego, ya ajustada igual que una simiente
en la tierra dispuesta con cuidado,
hasta la perdurable Primavera,
cuando impedía sólo un leve barro
su cálido retorno, si ella quería; cuando
implorando emprendimos el camino,
la invitación no quiso aceptarnos: fue como
si nunca nos hubiese conocido.
Emily Dickinson
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