Respirar y por esconderse que no sea,
Tengo la rabia en la lengua y los labios enjaulados
Vivo para la impotencia,
El dolor pasa y me deja
Huella, tengo
Miedo
Y el miedo es lo que queda y lo que vendo,
Y lo que temo, y lo que revivo,
Lo que respiro.
Lo que escondo entre mi yo y mi yo.
Laura Gorre
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31 mayo, 2011
06 mayo, 2011
Domingo tarde, cualquiera.
Una salpicadura de café en un trozo de periódico y la tarde cae
a su pesar.
Una gota de lluvia golpea
el cristal y el trueno precede al sonido de tormenta profunda que suena como la
garganta irritada de un cielo negro humo.
Una palabra,
y pronuncia saboreando el regusto a la bebida oscura con cafeína, espesa, vaporosa... y la palabra queda suspendida en el espacio, el momento dura una eternidad y la eternidad no acaba, no acaba...
pero
una puerta se abre, con un ruido estremecedor.
Es
él.
a su pesar.
Una gota de lluvia golpea
el cristal y el trueno precede al sonido de tormenta profunda que suena como la
garganta irritada de un cielo negro humo.
Una palabra,
y pronuncia saboreando el regusto a la bebida oscura con cafeína, espesa, vaporosa... y la palabra queda suspendida en el espacio, el momento dura una eternidad y la eternidad no acaba, no acaba...
pero
una puerta se abre, con un ruido estremecedor.
Es
él.
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03 mayo, 2011
Las cabras y el chico.
El chico se llamaba Chico.
Chico tenía muchos, muchos amigos. Chico era de pueblo, pero de esos pueblos de montaña donde las cabras se mueven a sus anchas.
Chico tenia todo el pueblo como amigo. Incluidas las cabras.
Chico iba a la escuela, por supuesto. Y le gustaba aprender y leer, escribir, cantar canciones con la señorita de música y después de la escuela tocar el fagot.
Tenía muchas cosas que hacer, era un chico ocupado.
Chico también estudiaba Filosofía, pero a escondidas, porque en el pueblo le tenian manía a la Filosofía y si estudiabas Filosofía, te tiraban piedras.
Y dolían mucho, muchísimo.
Por eso Chico llevaba una doble vida.
Durante el día era un chico de los más corriente, a veces daba de comer a las cabras para despistar aunque le dieran dolor de tripa.
Durante la noche, Chico se convertía en un delincuente juvenil que a expensas de la ley deborada libros y libros de Filosofía... alumbrado por una vela y la luz de la luna, la única testigo de su crimen.
Chico tenía muchos, muchos amigos. Chico era de pueblo, pero de esos pueblos de montaña donde las cabras se mueven a sus anchas.
Chico tenia todo el pueblo como amigo. Incluidas las cabras.
Chico iba a la escuela, por supuesto. Y le gustaba aprender y leer, escribir, cantar canciones con la señorita de música y después de la escuela tocar el fagot.
Tenía muchas cosas que hacer, era un chico ocupado.
Chico también estudiaba Filosofía, pero a escondidas, porque en el pueblo le tenian manía a la Filosofía y si estudiabas Filosofía, te tiraban piedras.
Y dolían mucho, muchísimo.
Por eso Chico llevaba una doble vida.
Durante el día era un chico de los más corriente, a veces daba de comer a las cabras para despistar aunque le dieran dolor de tripa.
Durante la noche, Chico se convertía en un delincuente juvenil que a expensas de la ley deborada libros y libros de Filosofía... alumbrado por una vela y la luz de la luna, la única testigo de su crimen.
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